Diciembre

¿Cómo terminar bien algo que empezó mal? Diciembre nos abre siempre la puerta a la reflexión, a contemplar el año que termina y, si tenemos suerte, a digerirlo y aprender de ello.

Este año partió mi padre. Y las lecciones que trató de enseñarme empiezan a resonar en mis oídos con distintos matices. Muchas veces dijo: “cada año, los años pasan más rápido: disfrútalos mientras tengas tiempo”. La ley de la vida es que los hijos ignoramos la sabiduría de los padres, y muchas veces la entendemos cuando suele ser demasiado tarde como para poder bromear y decir un simple “ahhhhhhh, ya entiendo…”. Y es que ahora, tan pronto los años comienzan, acaban. Diciembre.

La constante partida de seres queridos marcó el principio de un 2013 horrible. En medio del torbellino alguien me dijo que era el año del dragón, y que esa bestia parte dando coletazos y llevándose cuanto puede antes de morir. Y así fue.

Mantenernos creativos y constructivos. Mantenernos positivos. Quizás esos sean también legados de mi padre, arquitecto de profesión. Intentó explicarme, alguna vez, el ritmo de las ciudades, y yo como música no logré entenderlo. Hoy lo entiendo. Quito es una ciudad andina, y las montañas nos marcan. Imposible evadir la naturaleza que nos recuerda cuán pequeños somos. Una bocanada del Tungurahua nos recuerda la cercanía de un Pichincha dormilón y de un Cotopaxi calmo. Nunca falta un inconsciente pirómano que insiste en quemar su hogar. Pero aquí seguimos, sin dejar que nuestras penas, nuestros miedos se lleven nuestros sueños.

Con la Fundación y sus casi 300 integrantes este fin de año hemos sacado proyectos adelante de 2 minutos: la coreografía masiva en San Francisco; de 20 minutos: la rendición de cuentas en el Estadio del Aucas; de 2 horas: el Pregón de las Fiestas Q 2013. Asimismo la respuesta del público ha sido una gran satisfacción. No deja de asombrarme el apoyo que recibió Faust nuestra producción original y nacional, con casa llena durante las cuatro funciones. Quito me demuestra constantemente que aquí está, fiel a lo que hacemos y acompañándonos en nuestros riesgos.

¿Cómo terminar bien algo que empezó mal? Siguiendo adelante. No quedar en el lamento vano que no construye. Asumir errores y aprender de ellos. Y sobre todo, valorar a quienes nos rodean y permitirnos crecer en equipo, porque solos no somos nadie, pero juntos, no hay quien nos pare. Es la fuerza de esta ciudad rebelde, y no olvidemos nunca. Gracias Quito.

“Ahhhhh, ya entiendo”

 

Chía Patiño, Directora Artística – Ejecutiva

Diciembre, 2013

DESDE EL TEATRO #95