Prohíbido Olvidar

!Que llueva que llueva
la virgen de la Cueva!
Los pajaritos cantan…
Las nubes se levantan.

En 1383 el infante -Don Martín de Aragón- fundó la Cartuja de Vall de Cristo en la Villa de Altura en la provincia de Valencia en España. Era un espacio dedicado a la oración, la meditación y seguramente el trabajo manual. En su momento importante, fue incluso visitada por varios Papas.

En 1410 Fray Bonifacio Ferrer repartia imágenes de la Virgen de la Cartuja de Vall de Cristo de Altura. Eran imágenes de apenas 20 cm de alto y de 10 cm de ancho. Su fin era que quienes debían partir de algún pueblo pudiesen llevársela.

En el siglo XV un pastor que cargaba dicha imagen decidió resguardarse en “la cueva del Latonero”, una cueva con una boca de apenas 2×3 metros con un manantial, refugio perfecto contra la intemperie. Seguramente sacó dicha imagen, agradeció su refugio y al partir se la olvidó.

Casi cien años más tarde, otro pastor se refugiaba en la misma cueva. Cuenta la leyenda que antes de dormirse se le apareció la virgen, le indicó el rincón donde estaba la imagen para que pudiera darle culto. El pastor así lo hizo, y la imagen salió del olvido. A esta imagen desde 1502 se le atribuyen varios milagros.

En 1726 ta comunidad sufría una gran sequía que ponía en peligro sus cosechas. La comunidad se reunió y le rezó a ta virgen: el canto pedía la generosidad de las nubes. Y se cuenta que un 27 de febrero amaneció lloviendo y no paró por una semana.

Los pajaritos cantan…
Las nubes se levantan.

La cueva del Latonero hoy se la conoce como La Cueva Santa, y sobre la pequeña cueva se construyó un gran santuario. En su interior entre rejas y muros se encuentra además otras imágenes, pero lo que en su momento fue un lugar de visitas veraniegas, ahora es un espacio limitado. La Cartuja está abandonada y el origen de la canción está olvidado.

Qué rápido olvidamos la historia. Con qué facilidad la cambiamos o la manipulamos si es necesario. Porqué la historia contiene muchas veces un origen bueno, pero cuando llegan las rejas y el control, poniendo valor a esta vivencia, las prohibe. Las ironías de la inflación capitalista, que hasta a nuestros rezos le ha puesto puertas.

Que llueva que llueva
la vieja esta en la cueva
los pajaritos cantan
la vieja se levanta

¿Sabían lectores, que las ruinas de Cochasquí han sido secuestradas por una gestión mediocre del Ministerio de Turismo? ¿Qué este espacio de meditación, de comunicación con la naturaleza ahora tiene costo y horario a cambio de las carreteras y rejas que nos han impuesto?

Siglos atrás nuestros indigenas encontraron un espacio de oración, de meditación, un espacio donde agradecer al cosmos. Un espacio abierto e ignorado, pero un espacio energético vital, que nos pertenece a todos los ecuatorianos.

Hoy quién quiere meditar en Cochasquí no puede: debe pagar ta entrada para que un guía le empuje en grupo entre las 8h30 y 16h30. Ya no hay silencio. Prohibido pensar. Prohibido meditar. Parece un detalle pequeño pero es una violación total de nuestros espacios y raíces… y así sin darnos cuenta, seguimos olvidando lo que en realidad está pasando…

Que si que no
que caiga el chaparrón
que se echen en la calle
de charcos un montón

 

Chía Patiño, Directora Artística – Ejecutiva

Enero, 2018

DESDEL TEATRO #145