Lo Bueno del Mundial

Es muy fácil perder la perspectiva en el deporte. La meta está siempre más allá de lo obvio. Meter un gol, ganar un partido, clasificar al mundial, ganar un partido, meter un gol. Las metas pueden ser un palíndromo, y el fin suele ser, además, un comienzo. Perder la vista de la meta es un error que, a veces, puede darnos una victoria inmediata, pero sacarnos de la recta final.

Por eso el Mundial es sano, porque nunca sabemos el final. Porque quien cree que tiene el partido ganado puede perderlo en el último minuto. Porque entran factores que tienen que ver con la preparación, con el talento, con la disciplina y con la tenacidad. Con no botar las esperanzas hasta el último segundo. Con no sentirnos ganadores cuando nos enfrentamos a un equipo novato.

Yo siempre fui futbolera pero sobre todo mundialista. Y recuerdo, claramente, que la primera emoción fue la simple clasificación, algo que hace muchos años sabíamos imposible y que hoy lo tenemos como una opción. Porque recuerdo el segundo gol contra Polonia, en que se hizo lo imposible: vencer al obvio ganador. Y hoy llega nuestro tercer Mundial y gritaré: ¡ECUADOR! Hasta que se me quemen las cuerdas vocales, con la esperanza de ir paso a paso acercándonos a una meta que al momento podemos solo soñarla.

Porque lo bueno del Mundial es que nos abre las puertas a un espacio en que soñar no solo es válido, sino una obligación. En qué luchar es el único requisito para llegar a la meta. En que el miedo es legítimo en la cancha y vencerlo es el primer paso para acercarse a una victoria. Porque existió un “maracanazo”, “una mano de Dios” y el gol en chanfle de Beckham. Pero al pitazo 00:00, los sueños están intactos y la meta es la misma: no dejarnos vencer hasta el final.

 

Chía Patiño, Directora Artística – Ejecutiva

Junio, 2014

DESDE EL TEATRO #101